viernes, 20 de noviembre de 2009

Políticas Educativas: historia reciente y perspectivas sobre la deserción escolar

La presidenta del Tribunal de la región uno de la Dirección de Clasificación docente de la provincia de Buenos Aires, Carla Ciavaglia, describió el panorama socio-político en torno a la deserción escolar y delineó algunos objetivos en busca de transformar la situación.

Habló de la deserción enmarcada en el proyecto neoliberal, sus sustentos discursivos y consecuencias. También apuntó a la participación de la familia y, principalmente, de los docentes como agentes de cambio contra la deserción.

- ¿Cómo empezamos a entender la deserción y su historia reciente?

Por empezar hay que aclarar que existen dos tipos de deserción que consisten en: por un lado el traspaso de chicos de la escuela pública al sector privado y por otro el abandono concreto del sistema escolar.
Se puede decir respecto a esto que la dictadura preparó el camino y los 90´ lo confirmaron, y que ambos tipo de deserción tienen que ver con las políticas que diezmaron a la sociedad en los 90´. El abandono de los pibes pobres tiene que ver con que la escuela no hacía a su proyecto de vida y que las clases medias que apostaban se fueron a una escuela privada. Para entender el desarrollo histórico de esta situación hay que tomar en cuenta tanto la “Ley federal” como el traspaso de las escuelas a las provincias, que son hechos obviamente vinculados. La ley federal debía justificarse, y de hecho se justifica a partir de una inclusión que es falsa e hipócrita. Para realizar esto se inventa el tercer ciclo y se extienden dos años la obligatoriedad.
Esto no era nuevo, no se inventó acá en Argentina, esto ya lo había estudiado Bourdieu teniendo en cuenta que en Francia había sucedido algo similar varias décadas atrás. Él hablaba de “los excluidos del interior” para referirse a este sistema en que la escuela “retiene” a los chicos pero sin que eso les garantice un proyecto a futuro.
Esto continúa con el traspaso de las políticas socio-educativas a las provincias y municipios sostenidas con fondos fiduciarios, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y algunas fundaciones. Es decir que se cambia el rol estatal en la política educativa. Esto acompañado de becas y extensiones de jornada escolar como fueron los talleres, comedores y meriendas.

- ¿Cuál es el resultado de todas estas prácticas?

A partir de todo esto se empiezan a acuñar términos como “inclusión”, “contención” o “retención” y la concepción política de la escuela es más cercana a un modelo de encierro o una idea carcelaria.
En este marco el Ministerio de vació de escuelas y se llenó de programas, algunos buenos pero otros no tanto. La idea era que la comunidad habita la escuela de Lunes a Lunes y se trataba de maquillar la deserción mediante planes como el de Centro de Orientación de Aprendizaje (COA) para que los chicos terminen en dos meses todo lo que debían.
Todas estas políticas dañaron mucho principalmente porque corrieron del centro al conocimiento como cotidiano escolar. Las escuelas se vaciaron. Se cortó la palabra. Hay que entender que esto es muy dañino por que el conocimiento es una construcción dialógica.

- ¿Cuáles son los cambios en los últimos tiempos?

Fundamentalmente la derogación de la ley federal y la sanción de la ley de educación nacional que recategoriza el conocimiento. Acá se plantea la obligatoriedad del secundario que debe estar garantizado por el Estado. Esto es muy importante porque ya no está librado a las posibilidades de una familia sino que el Estado se hace presente. Obviamente son procesos y que esté la ley no quiere decir que automáticamente se cambia todo, pero es de suma importancia. Además se incluyen los diseños curriculares prescriptivos, que significa que tiene fuerza de ley y deben cumplirse. Y lo que me parece muy importante es que se centraliza el cotidiano escolar en la figura del sujeto pedagógico que define un vínculo entre enseñar, aprender y el conocimiento.
Y ahora bien ¿Cómo llevamos eso a la práctica? Esto se va a dar en la medida que los docentes hagamos una revisión ética de nuestras prácticas y las familias de demanden para que la escuela cumpla.
Hay que desnaturalizar la deserción y entender que la escuela que queremos la tenemos que hacer. La escuela debe recuperar el lugar de significatividad social. Hay que repolitizar a la sociedad ya que si no hay perspectivas no va a haber pelea para alcanzar objetivos concretos.
No podemos olvidar que hubo fuertes focos de resistencia que hicieron que la escuela esté todavía en pie. Entonces me parece que el docente debe redefinir su rol pasando de ser un trabajador que contiene a un trabajador que enseña saberes socialmente productivos en el marco de un proyecto de nación.

- ¿Qué conclusión nos dejás?

Hay que lograr un equilibrio entre las escuela que fue mi generación, esa institución que te ofrecía muchos saberes pero que era terriblemente expulsiva, acordate que al que le iba mal no podía seguir ahí. Y la escuela que hablamos antes, que es muy inclusiva pero vacía en contenidos. Si se logra que la escuela sea inclusiva pero que a su vez esté sostenida por el conocimiento vamos a estar muy bien parados.
Para esto creo que es central una fuerte presencia de los cuadros intermedios entre quienes plantean las políticas educativas y los destinatarios. Esos cuadros participando activamente se logran con una fuerte concientización y una reactualización académica urgente.

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